
Cuando notan que la luz no es tan luminosa como en primavera o verano, dejan caer sus hojas, y estas se vuelven marrones, cobrizas y amarillas.
Al necesitar una cantidad de luz para hacer el ciclo de la fotosíntesis y no tenerla, dejan caer sus hojas al suelo y de esta manera protegen sus raíces para todo el invierno.
En primavera, al haber más luz solar, las hojas vuelven a crecer, todas las plantas florecen y en otoño vuelta a empezar.
Elena Macipe Magallón